A Netanyahu se le mueve la silla

Una pandemia de covid-19 desbocada y la subsiguiente crisis económica ha puesto a Benjamín Netanyahu «contra las cuerdas», con unos niveles de popularidad por los suelos con protestas en las calles, que se pretenden conjugar con un plan de estímulo económico dotado con 20.500 millones de euros

En la actual situación, «pintan bastos» para el gobierno que encabeza Benjamín Netanyahu, que ve como sobre una situación económica que se puede calificar de todo como buena, planea una mala gestión de la crisis sanitaria del covid-19.

Otros problemas que planean sobre Israel son también el recrudecimiento del conflicto palestino israelí, en parte por motivos que provienen directamente de Washington, después de que la administración Trump haya decidido trasladar su embajada a Jerusalén.

Una batalla que se creía ganada

Por otra parte, algo que ha pasado en otros muchos países, la pugna contra el coronavirus covid-19 se creía ganada, cosa que se ha rebelado como falsa.

A pesar de que Netanyahu declaró, bien es cierto que, de una manera tácita, que la sociedad israelí había vencido a la pandemia – llegó a declarar que lo único que ansiaba, para él y sus compatriotas, era tomar el aire y alguna cerveza en una terraza – lo cierto es que los rebrotes se acumulan en la geografía de lo que fuera un día no muy lejano un protectorado británico.

A pesar de que el primer «round» de la pandemia se saldó con «solo» 300 fallecidos y con 24 contagios diarios, ahora, con la nueva oleada del covid-19, se han tenido que confinar a barrios enteros en populosas ciudades y, esto que todavía no ha llegado el temido «pico», los casos diarios superan los 1.500.

¡Es la economía, estúpido!

Por si la pandemia no fuese suficiente, una renqueante economía ha hecho que se hayan desarrollado masivas concentraciones de protesta contra el gobierno, la última de ellas de 10.000 personas y en Tel Aviv, la que todavía es capital del Estado de Israel.

En la cola del paro se agolpa ya el 20% de la población activa, esto es, uno de cada cinco personas en edad de trabajar, por lo que el mandatario que más tiempo ha estado al «timón» de Israel se enfrenta a lo que se podría calificar como una «tormenta perfecta».

A los rebrotes del virus, ya todas las autoridades sanitarias de Israel hablan de «segunda oleada» se une el hecho de que en lo que va de año, bien es cierto que por la crisis de salud pública que azota Tierra Santa, el futuro político de Netanyahu se tambalea.

Atrás quedan otras causas de tribulación para el que fuera un joven oficial del Sayeret Matkal, como es la investigación policial por presuntos casos de corrupción o la tormenta política por la intención del gobierno que preside de anexionar una buena parte de Cisjordania a Eretz Israel.

Patchwork

Después de haber reconocido públicamente que su gobierno se precipitó a la hora de abrir la economía, Netanyahu ha anunciado una batería de medidas, de las cuales las más importantes tienen que ver con la inyección del equivalente a 20.500 millones de euros.

El fondo tiene como objetivo desde reflotar empresas hasta tejer un «colchón» en forma de subsidios para personas que han perdido sus empleos y autónomos que han visto como mermaban sus ingresos o como tenían que cesar su actividad.

Una popularidad por los suelos

Es lo que ha cosechado Netanyahu durante la gestión de la Pandemia con su errático actuar, de manera que ha gestionado la crisis de salud pública y la crisis económica subsiguiente, obteniendo la aprobación de solo el 15% de los israelíes.

Cómo toda moneda tiene su cara y su envés, el envés de esos magros resultados favorables en cuanto a popularidad, indican que el 61% de los ciudadanos de Israel censuran su actuar como presidente del país.

La pandemia y la subsiguiente crisis económica han abierto la «caja de los truenos», debido a que la anterior situación de bonanza económica de la última década tapaba hasta cierto punto mucha de las contradicciones de esa sociedad.

Tensiones internas como las diferencias socioeconómicas, unos servicios públicos que los sucesivos gobiernos de derechista Likud han dejado reducidos a la mínima expresión, así como una pésima gestión de estos, se manifiestan ahora en toda su crudeza.

El maná que no llega

Pero inclusive la mala gestión se está traduciendo en que las ayudas ya consignadas, esos 20.500 millones de euros que hemos citado en otro epígrafe, no están llegando a los que debieran de ser sus beneficiarios.

En el caso de los trabajadores por cuenta ajena y autónomos, solo una pequeña proporción ha comenzado a recibir los prometidos cheques del estado, que tienen una cuantía media de 2.000 euros mensuales.

La situación es crítica, ya que hasta la mitad de los israelíes declaran que tienen un temor cierto a no poder llegar a fin de mes y no poder mantener el mismo nivel de vida que tenían antes de que se declarase la pandemia.

Empleados por cuenta ajena y autónomos los más castigados

Son las dos categorías laborales que más se han visto afectadas por el parón económico al que ha obligado la pandemia, y en las ciudades y pueblos de Israel se puede ver pequeños negocios que vuelve a abrir la persiana y que no saben hasta cuándo podrán resistir.

Han sido muchos los israelíes que han visto peligrar la satisfacción de necesidades tan básicas como es tener asegurada la suficiente comida para subsistir, y eso en un contexto en el cual la tasa «normal» de desempleo durante décadas ha sido solo del 4%.

La ultraderecha se «echa al monte»

Y mientras tanto miembros del gobierno israelí que preside Benjamín Netanyahu, partícipes de esa constelación de partidos, algunos abiertamente ultraderechistas, como es el caso de Israel Beteinu, que sustentan al actual ejecutivo, niegan la existencia de una crisis sanitaria y económica.

El único ministro sin cartera del ejecutivo, Tzachi Hanegbi, no ha dudado en calificar de “mierda populista” (sic.), las informaciones aparecidas en medios israelíes que hablan de un aumento de casos de desnutrición entre las niñas y los niños israelíes.

Para no perder el «nivel» el responsable de la cartera de sanidad, Yoav Kisch no dudo en calificar de «masivo ataque terrorista sanitario» la concentración de 10.000 personas que en Tel Aviv reclamaba una mejor respuesta gubernamental ante la crisis sanitaria y económica.

Lo que el gobierno israelí se envanecía en mostrar ante la opinión pública internacional como una respuesta modélica ante la pandemia se ha rebelado como un bluf ante una segunda oleada que todavía no ha podido ser controlada.

Fuente – EL PAÍS / Benjamin Netanyahu en Wikipedia

Imagen – Claire Gribbin / Pikiwikisrael / Wallpaper Flare / star athena / U.S. Embassy Jerusalem / silver novice / U.S. Secretary of Defense

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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