Hiroshima y Nagasaki: nada ha cambiado 75 años después

Hace 75 años que se detonaron sendas bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, y parece que ni Estados Unidos ni Rusia han aprendido nada, compitiendo en una carrera de denuncia de los tratados contra la proliferación nuclear y en la fabricación de armas cada vez más mortíferas

Se cumplen 75 años de lanzamiento de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin a la II Guerra Mundial.

En el caso de Hiroshima, eran las 8:25 de la mañana cuando la alerta antiaérea de la ciudad japonesa detectó como tres aviones se aproximaban a la ciudad.

Eran el B-29, el Enola Gay, que finalmente lanzaría la bomba atómica – Little boy era su nombre en clave – y dos cazas que le daban escolta.

En aquella ocasión, creyendo que simplemente eran aviones de reconocimiento norteamericanos ni si siquiera sonaron las sirenas que informaban cuando se producía un ataque aéreo.

Lo demás es historia sabida: completa destrucción de la ciudad, 70.000 muertos cuando se produjo la deflagración, otros 70.000 antes de que terminase el año 1945, y un cómputo, datos de 2019, de 319.816 víctimas directas de la radiación generada.

Quizás las imágenes más espeluznantes y que han quedado grabadas en todo aquel que ha visto las fotografías es un «hongo nuclear» de 528 metros de altura y una temperatura de 30.000 grados centígrados que lo cremó todo.

75 años después, las cosas siguen igual

Se suele decir que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, y en el caso de la carrera de armamento nuclear se puede aplicar al dedillo el dicho que emana de la sabiduría popular.

Algo menos de un siglo después, las que fueron las dos grandes potencias de la Guerra Fría, Estados Unidos y Rusia – la potencia emergente que sobrevivió a la descomposición de la Unión Soviética – llevan años anulando todos los tratados contra la proliferación de armas nucleares que habían firmado.

Al mismo tiempo, las potencias emergentes, entre ellas sobre todo China, se unen con entusiasmo a la carrera nuclear bélica; ella e India, Pakistán o Corea del Norte, por citar solo tres han unido su supervivencia a tener el arma nuclear.

A pesar de que tanto la administración Trump como el Kremlin aseguran que hacen esfuerzos denodados por lograr un mundo sin armas nucleares, la realidad es muy distinta.

Ambas potencias siguen desarrollando armas nucleares, como los novedosos misiles que tienen como propulsor una central nuclear miniaturizada, entiéndase eso en un sentido amplio, que permite al misil nuclear estar en vuelo casi por tiempo infinito.

Además, ambas potencias están retirándose de los principales tratados contra la proliferación nuclear, caso del INF – Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio -, esto es, misiles nucleares que tienen un alcance entre 5.000 y 10.000 kilómetros.

Denunciados varios tratados más

Otro de los tratados de no proliferación que Donald Trump ha decidió abandonar es el que se conoce como Cielos Abiertos.

En esencia ese tratado permitía que la otra potencia pudiese llevar a cabo reconocimientos aéreos sobre su territorio o el de sus aliados para cerciorarse de que no se estaba llevando a cabo ningún despliegue de ojivas nucleares.

Desde el 1600 de la Avenida Pensilvania también se ha anunciado que se renuncia a seguir sentándose a la mesa con Rusia en el nuevo START.

Quizás es el acuerdo más ambicioso entre Rusia y Estados Unidos para evitar la proliferación de armas nucleares, y está a punto de naufragar debido a que Donald Trump quiere que al mismo también se adhiera China.

El país gobernado por Xi Jinping se niega alegando que su arsenal nuclear es mínimo en comparación con el de Estados Unidos y Rusia.

En esencia el START lo que limita es el número de cabezas nucleares que puede tener cada potencia, quedando limitada a 1.550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos, independientemente de si estos están alojados en tierra, en bombarderos o en barcos y submarinos.

El nuevo START concluye el próximo febrero, y que Estados Unidos lo vuelva a firmar depende de quién será el inquilino de la Casa Blanca tras las elecciones de noviembre: en caso de que el próximo presidente de EE. UU. sea el demócrata Biden es posible que Estados Unidos no se levante de la mesa.

Política de Estado, al menos hasta ahora

En las últimas seis décadas, independientemente si la administración fuese demócrata o republicana, ha habido un acuerdo tácito para reducir lo más posibles el arsenal nuclear norteamericano, y como contrapartida el que fuera soviético.

Pero con la llegada al 1600 de la Avenida Pensilvania del constructor metamorfoseado en político, este ha renunciado a seis décadas de seny, nos permitimos aquí la licencia de utilizar el catalán, para volver a iniciar una nueva carrera armamentística.

Tanto es así, que el principal negociador norteamericano de tratados de control de armas nucleares, Marshall Bilingslea, ha anunciado que en pocos meses su país volverá a realizar pruebas con armamento nuclear.

La prueba de nuevo armamento nuclear por parte de Estados Unidos no sucedía desde el lejano año 1992.

Un equilibrio inestable

Es en el que se encuentran las otrora superpotencias, con la emergencia de nuevos actores globales, como China, y otras, que ven en la posesión del arma nuclear un sinónimo de su supervivencia.

Quizás el caso más claro de eso sea actualmente Corea del Norte, que con constantes pruebas nucleares lleva años echándole un «pulso» a Estados Unidos.

El Régimen de Kim Jong-un ha logrado, en conversaciones en las cuales promete cesar en su escalada nuclear, contrapartidas de todo tipo de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, todos los analistas militares dan por cierto que la próxima conflagración, cuando la haya, será híbrida, esto es, se utilizará armamento nuclear, convencional y nuevas categorías de armas, como es el caso de las cibernéticas.

Inclusive, muchas de esas acciones militares serán «quirúrgicas», como el misil, lanzado desde un dron, que acabó en Bagdad al general iraní Qasem Soleimani, que fue localizado mediante el rastreo de su teléfono móvil.

Y Rusia no se queda atrás

Vladimír Putin, que lleva toda su vida política intentando lograr que Rusia logre la grandeur de la que disfrutó la URSS, ha anunciado que su país posee misiles que pueden viajar a cinco veces la velocidad de sonido.

En la actualidad, o por lo menos con la tecnología militar que «confiesa» Estados Unidos, esos proyectiles balísticos son difícilmente detectables y mucho menos pueden ser abatidos con facilidad.

Otra de las novedades bélicas que ha adelantado el Kremlin es el sistema estratégico Avangard, un sistema compuesto por un cohete balístico intercontinental dotado de ojivas nucleares que puedan maniobrar en los ejes vertical y horizontal.

El Avangard puede llegar a territorio norteamericano en 15 minutos volando desde territorio ruso, lo cual dice mucho de la posible letalidad del nuevo sistema de armamento ruso.

Fuente – EL PAÍS / Internacional en EL PAÍS / Corea del Norte en Wikipedia

Imagen – Paul Miller / Official U.S. Navy Page / Randy Chiu / Marc Nozell / Tangopaso / Raymond Cunningham

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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