Dimite en pleno el gobierno del Líbano

Producto del estallido de miles de toneladas de nitrato de amonio en Beirut, que ha dejado la ciudad destrozada, unida a las protestas ciudadanas, han hecho que el gobierno que lideraba Hassan Diab, haya dimitido en bloque y se prevean nuevas elecciones en el horizonte político

Todo el gobierno libanés ha dimitido en bloque después la mala gestión de la emergencia producida por el estallido de un almacén portuario que contenía en su interior 2.750 toneladas de nitrato de amonio.

La tragedia se ha saldado, hasta ahora, con 164 muertos y más de 6.000 heridos, además de haber dejado sin casa a algo más de 300.000 beirutíes.

Ha sido el primer ministro del Líbano, Hassan Diab, el encargado de escenificar la renuncia a seguir gobernando; tanto él como el resto de su gobierno que deja ipso facto el ejercicio de sus funciones.

La gota que rebosa el vaso

El 2020 estaba siendo un «año caliente» con toda la oposición política protagonizando manifestaciones para desalojar del poder a un gobierno caracterizado por, precisamente, el desgobierno de la cosa pública.

Además, el estado libanés se ha caracterizado, casi desde su fundación, por el latrocinio activo de unas élites que parasitan las estructuras de Estado y sus presupuestos.

Ahora, ya casi desde el momento de la explosión, las protestas arrecian, con enfrentamientos de gran entidad entre las fuerzas del orden y la oposición, y ha sido lo que finalmente ha precipitado la caída del gobierno de turno.

Una de las principales reivindicaciones de la sociedad libanesa, no solo de la oposición política, es que se convoquen nuevas elecciones y que el gobierno que emane de esté conformado por tecnócratas.

Otra de las exigencias tiene que ver con regenerar las corruptas estructuras del poder judicial libanés y que por primera vez sea independiente del poder político.

Sábado en llamas

Los incidentes del pasado sábado han sido, con mucho, los de mayor entidad desde que comenzaron las protestas, y han servido para unir a la oposición en un frente común.

Se contaron por miles los libaneses que se echaron a la calle exigiendo la renuncia del gobierno en pleno, y también se convirtió en la jornada más sangrienta en los enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios.

La jornada de protestas concluyó con un muerto y más de 700 heridos, con un centro de la ciudad tomado por los manifestantes que protagonizaron una auténtica batalla campal con las fuerzas del orden.

Una vez teatralizada la renuncia del gobierno libanés, algunos de los involucrados en las protestas celebraron con fuegos artificiales la marcha del ejecutivo que presidía Hassan Diab.

Un ejecutivo hipertrofiado que da un paso al lado

A pesar de que Hassan Diab presentó la dimisión, sus ministros, aquellos que ya han presentado la renuncia, lo han hecho escalonadamente durante todo el fin de semana.

Con un gobierno hipertrofiado, que se rige por cuotas para las cuatro comunidades que «conviven» en el país – cristianos maronitas, drusos, musulmanes chiís y musulmanes suníes -, el número de ministros alcanzaba las tres decenas.

De esos 30 ministros, a estas horas del lunes, han presentado su renuncia solo 5 de ellos: el ministro de Información Manal Abdel Samad, el ministro de Medio Ambiente Demianos Qattar y la ministra de Defensa Zeina Adra.

También han renunciado a su cargo la ministra de Justicia Marie Claude Najm y el ministro de Finanzas Ghazi Wazni; el resto de los miembros del gobierno espera que renuncien en los próximos días.

La desafección también ha cundido en el legislativo, donde una decena de los 128 diputados también han decidido renunciar a sus actas, lo cual se puede considerar como una victoria, aunque parcial, de la oposición.

Un gobierno que estaba en la «cuerda floja»

Se trata del segundo ejecutivo que «tumban» las protestas ciudadanas, habida cuenta que hace medio año las movilizaciones populares hicieron que el primer ministro Saad Hariri tuviese que disolver su gobierno.

El premier Hassan Diab y sus ministros solo han durado seis meses en el cargo, precipitada su salida por la devastación provocada en Beirut por la explosión de miles de toneladas de nitrato de amonio.

Sin embargo, habiendo sido esto la gota que ha colmado el vaso, los beirutíes llevaban ya semanas de algaradas para protestar contra la élite político – económica que ha llevado al Líbano a ser considerado por algunos como un «estado fallido», después de 30 años de gobiernos corruptos.

La principal causa de la inoperancia política en el país que gobierna Michel Aoun es que en los poderes del estado se mantienen cuotas confesionales para intentar de esa manera mantener el frágil equilibro de poder.

Sumado a esas protestas contra el gobierno se superpusieron lo que se ha denominado como las «protestas del pan», a las que la pandemia de la crisis sanitaria del covid-19 sirvieron como caja de resonancia.

Grave crisis económica

Producto de la crisis sanitaria del covid-19 se ha producido una grave crisis económica, en un país que ya en situaciones normales tiene una economía que se podría calificar como de subsistencia.

Producto del desbarajuste económico, y la falta de ayudas estatales para apuntalar la economía, más de mil empresas han tenido que «echar el cierre», lo que ha provocado que aproximadamente 200.000 libaneses hayan perdido sus empleos.

Otra de las derivadas del hundimiento de la economía es que el 30% de los trabajadores del «sector formal» se han quedado sin empleo.

La escalada del desempleo ha provocado, bien es cierto que, de modo indirecto, que la mitad de la población del Líbano – el país tiene 4,5 millones de habitantes – estén en este momento bajo el umbral de la pobreza.

Además, el Líbano, antes de la pandemia, ya tenía graves y crónicas dificultades económicas: una inflación del 60%, una devaluación brutal de la libra libanesa que hace más caras las importaciones.

 Todo ello ha hecho despertar el «fantasma» de que se reproduzcan los enfrentamientos sectarios y confesionales que llevaron al país a una cruenta guerra civil que se desarrolló entre 1975 y 1990.

De hecho, en la capital Beirut ya se han reproducido los enfrentamientos de grupos armados de diferentes confesiones religiosas, aunque la crisis sanitaria del covid-19 y el posterior confinamiento han hecho desaparecer, al menos por el momento, los combates.

Fuente – EL PAÍS / Líbano en Wikipedia

Imagen – kremlin / Sebastian Baryli / Ugur Belen / Ivan Bandura / Shakeeb Al-Jabri / Katharina Ziedek

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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