Un fin de campaña marcado por el covid-19

La pandemia de SARS-CoV-2 que asola Estados Unidos está dictando los últimos acordes de la campaña electoral a la presidencia que se celebrarán el próximo 3 de noviembre. Donald Trump ha optado por dar mítines en aeropuertos donde acusa a los demócratas de querer «cerrar» el país

A solo dos días de los comicios en Estados Unidos, este fin de campaña está marcado por la pandemia de SARS-CoV-2, en un país que bate récords en número de fallecidos y de infectados.

Donald Trump se ha embarcado en un auténtico maratón electoral que le llevará a dar 16 mítines electorales en los últimos cuatro días de campaña electoral, realizando sus desplazamientos en el Air Force One.

Un país semiparalizado

Estados Unidos, la cuna de las libertades y en donde no es ni siquiera obligatorio llevar mascarilla, se muestra semiparalizado por la pandemia.

Desde hace meses no se celebra ningún gran espectáculo al que son muy aficionados los norteamericanos, y los grandes eventos deportivos, como es el caso de las Series Mundiales de Beisbol se han tenido que dejar para más adelante.

Ese año Halloween no ha sido lo que solía, y los grupos de niños pidiendo golosinas de casa en casa son recuerdo de años pretéritos, mientras las autoridades sanitarias de los Estados recomiendan limitar todo lo posible el contacto físico.

En este contexto se van a celebrar las elecciones que deben de elegir al cuadragésimo quinto presidente de Estados Unidos, y donde Donald Trump está «echando el resto».

Una conspiración del Partido Demócrata

En la narrativa de Donald Trump y sus correligionarios parece que el SARS-CoV-2, algo a lo que Donald Trump ha bautizado como «virus chino», hubiese sido creado en oscuros despachos del Partido Demócrata.

A lo largo y ancho de Estados Unidos, los únicos que siguen moviéndose y participando en grandes acontecimientos sociales son los partidarios de Donald Trump que siguen logrando que se congreguen grandes multitudes en sus mítines electorales.

Para el Partido Demócrata, del que se ha apoderado Donald Trump y su camarilla, el SARS-CoV-2 es solo un asunto menor que no tiene la suficiente entidad – los muertos por coronavirus casi llegan al cuarto de millón – como para estropear la puesta en escena de una conflagración electoral.

Desde el Partido Republicano se acusa, bien es cierto que veladamente, a Joe Biden y a las huestes progresistas de querer cerrar el país a cal y canto poniendo como escusa la pandemia de SARS-CoV-2.

Habitualmente sin mascarilla

Empieza a ser una característica, el ir sin mascarilla en eventos sociales, que exhiben los partidarios de Donald Trump y del Partido Republicano, mientras que los demócratas suelen llevar la cara embozada y mantienen la distancia de seguridad.

De hecho, en el último mitin que ha protagonizado Donald Trump, en las frías tierras de Minesota, la mayor parte del público no lucía mascarilla y estaba «armada» con grandes carteles donde lucía el «Make America Great Again», uno de los leitmotiv del republicano.

Una de las «ideas fuerza» que el «Trumpismo» ha inoculado en el inconsciente colectivo de sus seguidores es que si Joe Biden llega a la presidencia de Estados Unidos cerrará el país durante 3 meses para hacer frente a la pandemia.

Al mismo tiempo, la maquinaria electoral de Donald Trump ha acusado, como una tradición que se remonta al 2016, de acusar al político de Delaware de socialista, una etiqueta que tiene muy mala prensa en Estados Unidos.

Pero la realidad es que los mítines que ha dado Donald Trump a lo largo de Estados Unidos han estado seguidos de aumentos de los casos de SARS-CoV-2 en los condados donde se han realizado.

Mítines desde la escalerilla del avión

Es a lo último que nos tiene acostumbrados Donald Trump, que cuenta con un aliado de primer orden en el avión presidencial el Air Force One.

Los actos electorales que Donald Trump está desarrollando en esta recta final de las elecciones presidenciales norteamericanas, se están desarrollando en Aeropuertos.

La operativa es sencilla: llega el Air Force One a un aeropuerto, se tiende la escalerilla y desde el dintel de la puerta del avión le preparan al presidente un atril con un buen número de micrófonos y con la prensa y sus partidarios «a pie de pista».

Eso es lo que pasó en Nebraska, donde debido a frio extremo que en estos momentos sufre el Estado, y por una mala conexión de los autobuses que tenían que llevarlos a sus coches, treinta personas tuvieron que ser tratadas por síntomas de hipotermia.

Un maratón electoral

Es en el que se ha embarcado Donald Trump, que a haber pasado el coronavirus une la provecta edad de 74 años, que dará en solo tres días, hasta el próximo lunes, un total de 16 mítines.

Donald Trump sabe que tiene los sondeos en contra, y cifra el dar un «vuelco» a las encuestas con una hiperactividad que al final su equipo de campaña sabrá valorar sus electores, muy aficionados a valorar el trabajo que hace el presidente.

Sí el viernes pasado estuvo en Michigan, Wisconsin y Minesota y el sábado lo dedicó en exclusiva a Pensilvania, este domingo y mañana lunes estará en Michigan, Iowa, Carolina del Norte, Georgia, Florida y Wisconsin.

Todas esas urbes pertenecen al cinturón industrial de medio oeste, unos Estados que van a ser vitales para que los electores de esos colegios electorales opten por Joe Biden o por Donald Trump.

Un cambio en el personaje

Donald Trump, un histrión de pies a cabeza, y amigo de la teatralización máxima en todos los actos públicos en los que toma parte, ha sufrido un cambio en su función actoral.

A medida que la pandemia se ha ido adueñando del país, ha perdido en expansividad y se ha ido volviendo más huraño, más serio, menos amigo de los chistes y en la espontaneidad que ha acompañado su presidencia.

Ahora uno de sus últimos argumentos que ha sacado a liza es que, gracias a él, curioso cuando solo lleva cuatro años de presidente de Estados Unidos, ha creado la clase media más importante de la Humanidad (sic).

Y al mismo tiempo acusa a Biden y a los Demócratas de que si ganan las elecciones acabarán con esa misma clase media, sepultándola bajo una montaña de impuestos y se acabarán esos distritos residenciales en las afueras de las ciudades.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Matt Johnson / JJBers / Phil Roeder / Ninian Reid / Glenn Beltz / quapan

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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