América del Sur en erupción

Producto de una crisis estructural, económica y política, y con una coyuntural, producto de la mala gestión de la pandemia de SARS-CoV-2, América del Sur se está convirtiendo en un polvorín, que, en determinados países, como Brasil, amenaza con estallar y llevarse por delante la democracia

Si el desbarajuste que ha provocado la pandemia de SARS-CoV-2 no fuese suficiente, en América del Sur se convulsiona por una miríada de conflictos que van de lo económico a lo político pasando por lo social.

Las crisis se extienden como un reguero de pólvora por todo el continente: revueltas en Chile y Colombia, una democracia asediada por la ultraderecha en Brasil.

Una política revuelta en Ecuador y Bolivia, y una economía a punto de entrar en la UCI en Argentina, sin olvidarnos de una Venezuela hundida en todos sus indicadores, tanto los económicos como en los políticos y sociales.

La puntilla de la pandemia

La pandemia de SARS-CoV-2 ha sido la puntilla que ha estado a punto de hacer caer a unos países que llevan mucho tiempo tambaleándose.

Con unos sistemas de salud pública reducidos a la mínima expresión por sucesivas oleadas de gobierno neoliberales, unas arcas públicas vacías y una pobreza galopante, a pesar de todo América del Sur todavía no ha dicho su última palabra.

El maná de las materias primas

Siendo una región del mundo rica en todo tipo de materias primas que necesitan los países desarrollados para sus economías, la bajada del precio de esas ha dejado anémicas las Haciendas de muchos países.

Todo se ha ido al traste, después de que el alto precio de las materias primas entre los años 2003 y 2013 permitió en muchos países de América del Sur crear una clase media que accedió a empleos e ingresos dignos.

De hecho, en el 2018 la clase media se había convertido en el grupo social más abundante en la región, aunque al año siguiente la creación de riqueza se resintió debido a la bajada de los precios récord que habían tenido las materias primas.

Una crisis económica que devino en descontento social

Inclusive antes del estallido de la pandemia de SARS-CoV-2, la crisis económica y política ya había llegado a América del Sur, deviniendo en una crisis de cariz social, con protestas en muchos países.

De hecho, el SARS-CoV-2 no ha hecho sino aumentar la pobreza y la desigualdad, de manera que todo lo que se había avanzado en un lustro, se ha deshecho, llevando a muchos países a la casilla de salida.

Después de una buena temporada de crecimiento económico y prosperidad, las expectativas que tenía una buena parte de los ciudadanos de los países de América del Sur, sobre todo esas amplias capas de la población que habían llegado a la clase media, ven como se quedan en «agua de borrajas».

La prosperidad también permitió que el número de personas que en esos países del Sur que pudieron cursar estudios universitarios aumentó, lo que hizo acariciar la idea a muchos países que en pocos años lograrían el nivel de desarrollo que tenemos en España o Portugal.

Brasil como paradigma de crecimiento

Sobre todo, en los años en los cuales las materias primas estaban en precios récord y gobernó el Partido de los Trabajadores de Lula da Silva.

Con la riqueza que atesora el subsuelo del país, el PT pudo financiar programas que hicieron salir a amplias capas de la población de la pobreza, se pudo crear un «paraguas» sanitario que cobijo a la mayor parte de la población y proporcionó educación.

Sin embargo, la suma del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, con una nueva crisis económica y sanitaria, ha hecho que muchos de esos programas de asistencia social se hayan eliminado.

La consecuencia es que en estos momentos en Brasil hay una «bomba social» muy difícil de desactivar, máxime ante la mala gestión de la pandemia de SARS-CoV-2 que está provocando miles de muertos.

A las puertas de un autogolpe de estado

El creciente descontento social, un atanor donde se mezclan desde causas económicas a políticas, pasando por las sociales, encamina al país a la posibilidad de un «golpe de timón» por parte de las fuerzas más retrógradas del Brasil.

Entra dentro de lo posible que las Fuerzas Armadas brasileñas no fuesen reticentes a propiciar algún tipo de situación que pasase por aumentar las capacidades autocráticas, y ya tiene muchas, del gobierno de Jair Bolsonaro.

Esta especial sensibilidad política de las Fuerzas Armada brasileñas se ha demostrado con la presencia de generales del ejército, concretamente del general Eduardo Pazuello, ministro de Salud, en un mitin político con el propio Bolsonaro.

Con ello se rompe la neutralidad política a la que se ve obligado todo militar brasileño, y a ciertos sectores el movimiento les recuerda a las maniobras de oficiales militares que propiciaron la dictadura militar que vivió Brasil entre los años 1965 y 1985.

Un movimiento político militarizado

A la sazón, la principal base electoral de Jair Bolsonaro está formada por uniformados, tanto militares como policías, a los cuales la administración conservadora ha aumentado los privilegios que ya tenían.

Por otro lado, Bolsonaro ha utilizado una de las recetas clásicas de la ultraderecha para hacer frente a la pobreza y a la delincuencia que le sigue: armar a la población, y no intentar hacer disminuir esa delincuencia con programas sociales que hagan subir el nivel de vida de amplias capas de la población.

Siguiendo la senda de Donald Trump

En las elecciones generales que se producirán el próximo año, y ante la más que posible vuelta al poder del PT con Lula da Silva como candidato, Jair Bolsonaro ha comenzado a poner en solfa esos posibles resultados electorales.

La primera duda que ha hecho pública Bolsonaro es sobre la legitimidad del voto electrónico, un tipo de voto, el de la urna electrónica, que se comenzó a utilizar en Brasil en la década de los años noventa del pasado siglo.

Se trata de un trasunto con las que Donald Trump «calentó» la campaña electoral que finalmente lo descabalgo de la presidencia de Estados Unidos y permitió el gobierno de una nueva administración Demócrata.

Esperemos que, en caso de perder las elecciones brasileñas, a Jair Bolsonaro no se le ocurra la peregrina idea que tuvo Donald Trump de enviar a masas enfervorecidas a asaltar la sede del poder legislativo.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Danelle Bailey / EL MUNDO / Manitou Group / Young Shanahan / Niki Needham / André Gustavo Stumpf / Blink O’Fanaye

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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