Vive la mort, vive la guerre

Mercenarios colombianos, muchos de ellos exmilitares con décadas de lucha contrainsurgente, eso son la mayoría de los detenidos acusados de haber asesinado al presidente de Haití, Jovenel Moïse, en una investigación que todavía no se ha cerrado

Al estribillo le falta el ripio final que no es otro que “vive le sacre mercenaire!”, y como habréis adivinado es el estribillo de una canción de los que ahora, en aras de lo políticamente correcto, se denomina contratistas.

Y mercenarios parecen ser los soldados de fortuna que acabaron la vida del presidente de Haití, en una operación en la cual tuvieron el paso franco, dado que ninguno de los que formaban el grupo de escoltas de Jovenel Moïse sufrió ni un rasguño.

Militares colombianos

Al menos 20 de los detenidos y alguno de los fallecidos por resistirse a su captura son antiguos militares colombianos con mucha experiencia en operaciones contra la guerrilla de las FARC y contra el narcotráfico.

Tal es la capacidad operativa del ejército colombiano, con más de cinco décadas de combatir a las FARC y al ELN, que son muchos los militares norteamericanos que creen que, si Colombia contase con la tecnología de las fuerzas armadas norteamericanas, tendría un ejército invencible.

Debido a las capacidades operativas de los militares colombianos y lo fogueados que están en la batalla, una vez que el soldado colombiano abandona el ejército le suelen llover las ofertas de empresas seguridad privada.

Una investigación en marcha

Es en la que se ha embarcado el gobierno haitiano con el auxilio de la policía y las fuerzas armadas colombianas, dado que la mayoría de los detenidos por el magnicidio son de esa nacionalidad.

De hecho, el propio presidente de Colombia, Iván Duque, ha afirmado, a tenor de las investigaciones de la policía colombiana, que buena parte de los contratistas sabían que objeto de la acción era acabar con la vida del presidente de Haití.

De hecho, ya se sabe que dos nacionales colombianos, antiguos militares de aquel país, el capitán retirado Germán Rivera y el sargento retirado Duberney Capador participaron en la planificación de la acción.

Todo parece indicar que en un primer momento el comando tenía la misión de arrestar a Moïse, que finalmente resultó muerto, no en vano impactaron en su cuerpo hasta 19 balas de fusil de asalto.

Todavía se desconoce si se reprogramó la misión para acabar la vida del mandatario o algo salió mal y lo que tenía que haber sido un secuestro se convirtió en un asesinato.

Varias líneas de investigación

De lo poco que se sabe hasta ahora, el sargento Duberney Capador, que fue abatido en un tiroteo con la policía haitiana, se encargaba de servir de enlace entre los exmilitares colombianos y la empresa CTU.

Para enredar más la madeja, el director de Counter Terrorist Unit Federal Academy (CTU) es el ciudadano venezolano Antonio Intrago, avecindado en Miami y que tiene un perfil bajo que le hace rehuir a la prensa.

Otros de los detenidos, los hermanos Germán y Jonathan Rivera, también antiguos militares colombianos, afirman que inicialmente la misión consistía en arrestar al presidente haitiano.

Sin embargo, dos días antes de la acción conocieron que el objetivo de la misión había cambiado y el secuestro se había cambiado por el asesinato.

Contratistas muy cualificados

Como ya hemos indicado las empresas de seguridad se rifan a los exmilitares colombianos por su alto nivel operativo.

El ejército de Colombia lleva participando en una guerra civil, o llámenla como quieran, que lleva asolando el país de Gabriel García Márquez más de cinco décadas.

Por ello los exmilitares de ese país están muy fogueados, muchos de ellos son curtidos combatientes en operaciones especiales, y tienen habilidades muy desarrolladas como entender de explosivos o ser expertos francotiradores.

Por ello empresas punteras de seguridad, como es la antigua Blackwater, ahora Academi, buscan todos los años mercenarios salidos de las filas de las fuerzas armadas colombianas que normalmente cuentan con experiencia en combate.

De hecho, la mayoría de los detenidos, cuyas edades oscilan entre los 40 y los 45 años, son exmilitares colombianos con muchos cursos de especialización, y alguno de ellos inclusive formado por el ejército norteamericano.

El caso de Francisco Eladio Uribe

Es uno de los detenidos y la investigación de la policía colombiana ha descubierto que trabajó en algunas unidades antisecuestros y tiene experiencia en combate en «zonas calientes» de Colombia como Arauca, en la frontera con Venezuela.

Además, fue investigado por la justicia colombiana en el caso de los «falsos positivos», un turbio asunto que costó el puesto al máximo responsable militar colombiano.

En esencia la vulneración de los derechos humanos se producía cuando algunas unidades militares, para cobrar bonus o lograr algún tipo de prebenda, asesinaban campesinos vistiéndolos posteriormente como guerrilleros.

Abundante mano de obra

Se estima que todos los años las fuerzas armadas colombianas licencian, de media, hasta 6.000 militares, y muchos de ellos con los conocimientos y experiencia logrados como militares se venden al mejor postor.

A pesar de que las fuerzas armadas colombianas tienen un buen número de programas para la reincorporación a la vida civil, la mayoría de ellos no funcionan y los recién licenciados tienen problemas para encontrar un trabajo.

Por otro lado, después, en muchos casos, de dos décadas dedicados a operaciones contrainsurgencia, los traumas que muchos de esos soldados acumulan hace muchas veces imposible que se reincorporen a la sociedad como civiles.

Ofertas muy tentadoras

Aunque los militares colombianos que abandonan la vida castrense tienen derecho a pensión, en el caso de suboficiales y clase de tropa raramente supera los 300 dólares norteamericanos al mes.

Mientras tanto, las empresas de seguridad tientan a estos exmilitares con un trabajo que saben desempeñar, muchos de ellos han pasado décadas en el ejército, y con una paga que puede llegar a 3.000 USD al mes.

Salir de las fuerzas armadas supone para muchos de ellos algo traumático desde el punto de vista financiero, ya que de un día para otro ven como sus ingresos se reducen entre un 60 y un 70%.

Y eso cuando uno tiene que mantener a la familia, pagar la hipoteca, el colegio de los niños y el seguro médico privado, se convierte en una misión casi imposible.

Las petromonarquías de golfo pérsico

Muchos de estos exmilitares acaban trabajando para empresas de seguridad que trabajan para magnates de las petromonarquías del golfo pérsico.

Según llegan, sin tener muy claras las funciones que van a tener que desempeñar se encuentran con un cheque mensual de entre 2.500 y 3.000 dólares norteamericanos.

Sin embargo, la realidad es que acaban desempeñando trabajos de alta peligrosidad, como pueda ser en los Emiratos Árabes Unidos guardando la frontera con Yemen para evitar la infiltración de terroristas del ISIS.

Fuente – el diario

Imagen – pxfuel / The National Guard / YiFeiBot / Office of Public Affairs / Official U.S. Navy Page / F. Delventhal / Policía Nacional Colombia / PICRYL / The US Army

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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