Hambruna en Afganistán

La inseguridad alimentaria se cierne sobre la mayor parte de la población afgana, con un gobierno talibán inoperante y que sigue dependiendo de la ayuda internacional, mientras la FAO busca urgentemente fondos para evitar que 3.200.000 niñas y niños mueran de hambre y frío    

Según la Organización de Naciones Unidas, más de la mitad de la población afgana podría sufrir, el próximo invierno, lo que la ONU califica como «inseguridad alimentaria aguda».

Lo que sumaría a los 23 millones que la sufren en la actualidad, pero el «pico» llegaría el próximo invierno cuando la mitad de la población del país asiático sufriría una hambruna que nadie sabe cuándo podría remitir.

A la llegada de los talibanes al poder, que ha provocado la retirada de la ayuda internacional, se suma una sequía y una recesión económica que se han convertido casi en endémicas.

La peor crisis humanitaria en el mundo

Son palabras del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), que también informa que entre los afectados se encuentran 3.200.000 niños menores de cinco años, la población más vulnerable.

 Esos niños, muchos bebés, es posible que sufran desnutrición aguda antes de que termine el año, según un reciente informe de la FAO y de PMA.

Colateralmente, y para huir del hambre, se espera que sean miles los afganos que intenten traspasar la frontera para convertirse en refugiados en los países circundantes, fundamentalmente en Pakistán.

Tradicionalmente los afganos, la gran mayoría de etnia pastún, aunque también hay minorías tayika y hazara, suelen huir a Pakistán, un país también mayoritariamente pastún.

Un invierno riguroso

El gobierno talibán, al menos por ahora, provoca el rechazo de toda la comunidad internacional, siendo la cooperación internacional indispensable para su mera supervivencia.

Para volver a recabar la ayuda de organismos supranacionales, como la ONU, y países donantes como Estados Unidos y Reino Unido, al menos el nuevo régimen tendrá que mantener las formas.

Al aislamiento de Afganistán se va a unir, este año, un invierno que se espera riguroso, lo que va a hacer que diversas zonas del país queden aisladas, siendo esas zonas las que necesitan obligatoriamente la ayuda de la cooperación internacional para no perecer.

Más del 50% de la población afgana las va a pasar canutas entre noviembre de 2021 y marzo del 2022, periodo de tiempo en el cual las inclemencias meteorológicas son más agudas.

Compromiso

Desde los organismos internacionales y las ONG que trabajan sobre el terreno, se exige que los compromisos de ayuda se conviertan en dinero contante y sonante o en ayuda de cualquier tipo, como alimentos o ropa de invierno.

También se hace un llamamiento a la comunidad internacional para que aparque su beligerancia con el gobierno talibán y piensen en la mayoría de los 35 millones de afganos se encuentran rehenes de los que en los años 80 del pasado siglo Ronald Reagan no dudó en calificar como luchadores por la libertad.

Previsiones

La Organización de Naciones Unidas prevé que para el 2022, las necesidades de ayuda humanitaria serán de 220 millones de dólares cada mes.

Mientras tanto la FAO remueve Roma con Santiago para encontrar los 11.400.000 dólares que necesita para poder hacer una respuesta urgente a las necesidades de las niñas y niños que están en emergencia alimentaria.

Al mismo tiempo, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura también está buscando, aunque menos apresuradamente, 200 millones de dólares para la campaña de cosechas en Afganistán.

Huida por las fronteras

La hégira, no se sí utilizamos el término cogiéndolo por los pelos, de miles de afganos por las fronteras del país comenzó inclusive antes de que Kabul y el resto del país cayeran en manos de los «barbudos».

Uno de los pasos fronterizos que más trasiego de futuros refugiados ha sufrido es el de Spin Boldak, que conecta Afganistán con Pakistán, un «Check Point» que durante décadas se ha utilizado también para el contrabando y el narcotráfico.

De hecho, a ambos lados de la frontera existe un próspero mercado informal donde todo se compra y todo se vende: repuestos para automóviles, ropa, alfombras, alimentos o herramientas.

Ahora, producto de la instauración del califato islámico, también son centenares los afganos que intentan cruzar «al otro lado» para huir de los talibanes. Entre ellos mujeres profesionales que saben que ya no van a poder trabajar en Afganistán y personal que de una u otra manera trabajó para los occidentales.

Nadie está seguro en Pakistán

De hecho, las relaciones entre el nuevo Califato Islámico y Pakistán son tan fluidas que las autoridades paquistaníes están organizando redadas en sus fronteras para poner a disposición de los talibanes a los huidos de Afganistán.

Los únicos que están libres de ser extraditados son aquellos que cuentan con relaciones familiares en Pakistán: en esos casos la familia consigue esconderlos y cuando han sido detenidos paga jugosas «mordidas» para liberarlos.

Muchos de los refugiados son policías o militares afganos, con o sin familia, que saben que su vida pende de un hilo con las nuevas autoridades afganas, que los consideran poco menos que traidores.

Servicios sanitarios

Con la llegada de los «barbudos», una de las infraestructuras que han dejado de funcionar en Afganistán es la sanitaria.

Además de que muchas ONG sanitarias han huido del país, la sanidad afgana está esencialmente en manos femeninas, y con la llegada de los talibanes, el nuevo gobierno las ha prohibido taxativamente ir a trabajar.

Por ello parte de los afganos que se encuentran bloqueados en el paso fronterizo de Spin Boldak quieren «pasar al otro lado» para poder acudir a la sanidad que se les niega en su propio país.

Corrupción rampante

Es la que se vive en los dos grandes pasos fronterizos de Afganistán: uno de ellos es el de Spin Boldak en la provincia de Kandahar, el otro es el de Torkham sito en la provincia de Nangarhar, donde la corrupción campa por sus respetos.

El responsable del paso fronterizo de Torkham no tiene pábulo en confesar que los 40 millones de euros que se recaudan anualmente por tasas fronterizas es solo la quinta parte de lo que se debería recaudar.

Los 260 millones de euros restantes se los reparten las autoridades de la provincia y una pequeña parte llega también a manos de los aduaneros.

De hecho, como es el caso de Kandahar, y otras provincias afganas, su control y el poder están en manos de «señores de la guerra» desde antes inclusive del primer gobierno de los talibanes.

De hecho, a la hora de volver a hacerse con el poder, los «barbudos» han tenido que llegar a acuerdos con esos «señores de la guerra» lo que les ha permitido que la conquista del país haya sido un paseo militar.

Fuente – el diario / Afganistán en Wikipedia

Imagen – Resolute Support Media / The U.S. Army / Arnold Gatilao / Farid Ahmad / Olle Svenson

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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