Assange vuelve a pender de un hilo

Los problemas legales en el Reino Unido del activista australiano Julian Assange no terminan. Aunque la inicial demanda de extradición presentada por EE. UU. fue derrotada en primera instancia, ahora los abogados del gobierno norteamericano vuelven a la carga y presentan una apelación ante el Tribunal de Londres

Estados Unidos vuelve a la carga para logra la extradición del Reino Unido de Julian Assange, y en los últimos días ha presentado un recurso ante la negativa de extradición que decidió un juzgado londinense.

Ante la decisión de la juez cabía recurso, y es a lo que se han aprestado los abogados que representan al gobierno de Estados Unidos.

La defensa de Assange alegará la fragilidad de la salud mental del activista australiano para volver a lograr que se desestime la extradición a Estados Unidos.

Nuevo round el miércoles

La justicia norteamericana imputa a Assange de 18 delitos que tienen que ver con la revelación de secretos y filtración de documentos clasificados, en lo que se conoció como el caso Wikileaks, el portal de internet donde se llevó a cabo la filtración.

Será el Tribunal de Londres el habilitado para dirimir si se extradita al activista de 50 años, aunque al defensa de Assange alegará, para fintar la extradición, la precaria salud mental de Julian Assange y el peligro de suicidio.

Movilización popular

Son muchos los partidarios de Julian Assange que van a convertir los aledaños del Tribunal de Londres en una romería protestando por la nueva causa penal que puede dar con los huesos de Assange en una penitenciaría de alta seguridad en EE. UU.

Ya hubo manifestación hace unas semanas para defender, además de la libertad de expresión la libertad de Assange, un activista australiano que vio como era detenido por la policía británica después de que Ecuador lo expulsase de su legación diplomática en Londres.

Su calvario judicial comenzó hace 11 años cuando la justicia sueca lo requirió para que hiciese frente a dos acusaciones de abusos sexuales que finalmente se quedaron en agua de borrajas al no encontrar el juez británico indicios de esos delitos.

Tras la desestimación de la demanda, y oliéndose que el próximo embate judicial podría venir de Estados Unidos, Assange se refugió durante 2.487 días en la legación diplomática de Ecuador en Londres.

La llegada de un nuevo gobernante al país ecuatorial, en concreto Lenin Moreno, hizo que el gobierno ecuatoriano lo expulsase de su embajada lo que provocó que fuese inmediatamente detenido por Scotland Yard.

Autolesiones

En el penúltimo combate judicial con el que tuvo que lidiar Assange y su equipo jurídico se evitó la extradición porque la jueza Vanessa Baraister dictaminó que no procedía su extradición porque el deteriorado estado de salud mental de Mendax podía precipitar su suicidio.

Sin embargo, seis meses después del fallo judicial, el Tribunal Superior de Londres ha dado luz verde a que se vuelva a examinar su extradición, con lo cual los abogados del gobierno norteamericano han acudido como las moscas a la miel.

Una cuantiosa pena

Es a la que podría enfrentarse Assange en caso de que fuera admitida la extradición a EE. UU., ya que se enfrentaría a 18 cargos que le podrían suponer hasta 175 años de reclusión, y en USA las penas de cárcel se cumplen íntegras.

Assange destapó las «vergüenzas» de varias administraciones norteamericanas ya que reveló muchos secretos: la actuación del ejército norteamericano en Irak y Afganistán, el trato que se dispensaba a los prisioneros en Guantánamo, y miles de cables entre el Departamento de Estado y embajadas y consulados de medio mundo.

Sin embargo, Assange parte de una buena situación ya que, en caso de ser condenado, y debido a su precario estado de salud, podría cumplir la condena en su Australia natal.

Será el jueves cuando el equipo legal de Assange presente las pruebas que certificarían su mal estado de salud, que ahora se encuentra recluido en la prisión de Belmarsh, ubicada en el este de Londres.

La que fuera su abogada, y madre de sus dos hijos, Stella Morris, ha comunicado que se encuentra demacrado y con muy mala salud.

Encerrado sine die

A pesar de que Assange lograse impedir la extradición, eso no supondría que pudiese salir en libertad condicional de inmediato.

Y eso es debido a que a Assange se le agolpan los procesos judiciales, aunque bien es cierto que, en el proceso actual, el siguiente escalón de apelación, y el último posible, es el Tribunal Supremo británico.

El alto tribunal es la última «puerta» donde podrían repicar los abogados del gobierno norteamericano, pero como ya hemos dicho, con dicho recurso se agotaría la vía legal.

Bien es cierto que se abrirían otras puertas, aunque la opinión pública ya no aceptaría, como en otras épocas, que la CIA enviase a un grupo de sicarios para acabar con la vida de Assange. Ya no es época de azucarar el té con polonio.

¿O sí sería una opción?

Fuentes de la inteligencia de EE. UU. acaban de filtrar que durante el 2017 la administración de Donald Trump barajó la posibilidad de asesinar a Julian Assange mientras estaba refugiado en la legación diplomática ecuatoriana en Londres.

De hecho, esas mismas fuentes afirman que el asesinato del activista australiano encendió agrios debates entre «halcones» y «palomas» del gobierno del magnate de la construcción norteamericano.

Los más favorables al magnicidio provenían del entorno de Mike Pompeo el director de la CIA durante el «reinado» de Trump, quienes también vieron una solución intermedia en secuestrarlo.

La CIA fue una de las organizaciones más afectadas por las revelaciones del portal Wikileaks que reveló más de 9.000 documentos de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana.

En los documentos se exponían las principales armas que utilizaba la CIA para acabar con lo que suponemos los enemigos de los Estados Unidos, entre ellos todo su «arsenal» informático con miles de virus de todo tipo, incluidos los troyanos.

En los documentos de Wikileaks también se hablaba largo y tendido sobre Bóveda 7, una de las herramientas de piratería informática más secretas con las que contaba la CIA para, entre otras cosas, intervenir telecomunicaciones.

Fuente – EL PAÍS / LA RAZÓN

Imagen – Acid Polly / Bromis Kelly / Anthony Crider / Ben Grantham / mar is sea / Kleon /

Publicado por Gonzalo Sánchez del Pozo

Sobre todo apasionado: de las letras, de los paisajes, de los lugares insondables, de las historias, de los personajes, de las situaciones, de los mares, de las montañas. Nómada, como cantaba Franco Batiatto, "que busca los ángulos de la tranquilidad, en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados, entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan".

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